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¿Qué beneficios obtenemos cuando sonreímos? 

  • Relaja el tono muscular.
  • Aumenta la ventilación pulmonar y la oxigenación de los tejidos.
  • Reduce el cortisol, la hormona del estrés.
  • Ayuda a liberar, entre otras, dopamina y serotonina, consideradas hormonas de la felicidad.
  • Disminuye la hiperreactividad bronquial en el asma.
  • Frena el aumento de la glucosa tras las comidas.
  • Disminuye la presión arterial y el latido cardíaco, hace más eficiente el corazón y más flexibles las arterias.
  • Estimula el sistema endocrino.
  • Alivia el dolor crónico y puede funcionar como antinflamatorio natural en enfermedades crónicas como la artritis.
  • Refuerza el sistema inmune.
  • Mejora la capacidad de alerta, la creatividad y la memoria.

Podemos encontrarnos dos tipos de sonrisas:

  • Sonrisa espontánea o sonrisa de Duchenne: surge de forma natural cuando reaccionamos ante un estímulo que nos resulta gracioso genuinamente. Debe su nombre al investigador Guillaume Duchenne quien, investigando la fisiología de las expresiones faciales, concluyó que la sonrisa auténtica está formada por la contracción combinada del músculo cigomático mayor (en la boca) y el obicularis oculi (en el ojo): “el primero obedece a la voluntad, pero el segundo sólo lo ponen en juego las dulces emociones del alma ” , es decir, solo sonriendo espontáneamente se puede contraer el músculo orbicular.
  • Sonrisa voluntaria. También conocida como deliberada o “no Duchenne”. Es producto de una decisión consciente de la persona, ya veces puede ver “falsa” a falta de la contracción del músculo orbicular.
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Tras décadas de aceptación de que la sonrisa de Duchenne era completamente involuntaria e imposible de replicar, se ha demostrado que no es así  . Además, hay evidencia científica  que defiende que tanto la sonrisa voluntaria como la espontánea, producen una actividad eléctrica cerebral similar. Esto se debe a la activación de retroalimentación desde los músculos faciales al cerebro que desencadenan fisiológicamente vías de felicidad. Así pues, una sonrisa voluntaria puede convertirse en algo genuino.

La hipótesis de la retroalimentación facial

La propiocepción es una vía de comunicación de doble dirección entre el cerebro y el cuerpo. Cuando un estímulo genera alegría, el cerebro da la señal a los músculos faciales para que sonrían, pero también puede recorrerse esta vía en sentido opuesto. Si se sonríe, a pesar de que no sea genuinamente, el cerebro codifica alegría, entiende que si sonríes es porque algo te alegra, generando cambios a nivel de estado de ánimo. Denominamos a este concepto la hipótesis de la retroalimentación facial.

Un conocido estudio  confirmó que modificar la expresión facial interfería en la emoción. Se hizo sostener con la boca un lápiz a los participantes, de forma que se produjera en la cara una falsa sonrisa. Al terminar, la mayoría se sintió de mejor humor.

¿Cómo influye en el resto del cuerpo?

Sin embargo, esta retroalimentación no solo influye a nivel facial. Un reciente estudio  asevera que la actividad muscular facial altera el reconocimiento no sólo de las expresiones faciales sino también de las corporales.

También son remarcables los estudios de Amy Cuddy  relacionados con la denominada “postura de poder” que muestran que un cambio en nuestra postura corporal crea cambios hormonales que modulan nuestra percepción de la situación, nuestro comportamiento, nuestra seguridad personal y, por ende, también nuestra fisiología. Si ante una situación que nos hace sentir vulnerables, en vez de retraernos, mantenernos erguidos y con la cabeza alta, nuestro cuerpo le manda a nuestra mente un mensaje de seguridad, haciéndonos sentir psicobiológicamente más poderosos.