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El tabaco, la hipertensión arterial, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares y respiratorias previas son factores de peor pronóstico si se contrae la COVID-19.

Cómo afecta fumar o ser fumador pasivo

Las personas fumadoras y aquellas expuestas al humo del tabaco de manera pasiva tienen un mayor riesgo de contraer la COVID-19 y presentan un peor pronóstico si se contagian, tal y como explica en un informe reciente la Organización Médica Colegial de España (OMC)1, respaldado por la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SEPA), la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) y el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT).

El tabaco causa de manera directa más de 8 millones de muertes al año, de las cuales 1,2 millones son de fumadores pasivos. El humo del tabaco deteriora varios de los mecanismos de defensa del sistema respiratorio, lo cual puede favorecer tanto el contagio por SARS-CoV-2 como el peor pronóstico, como ya se vio durante el brote de 2012 del coronavirus causante del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio Oriente (MERS-CoV), durante el cual se demostró que el tabaquismo era un factor independiente para padecer la enfermedad y que la enfermedad era más virulenta en pacientes fumadores en comparación con los no fumadores.

¿Más riesgo de contagio?

Diversos estudios indican que el consumo de tabaco puede llegar a aumentar el riesgo de contagio, ya que el humo o el aerosol que producen los cigarrillos electrónicos aumentan la cantidad de las microgotitas de Flügge que se exhalan y que son el vehículo a través del cual se transmite el coronavirus. La carga viral que un fumador infectado expulsa tras cada calada es mucho más alta que la que pueda exhalar una persona infectada que no sea fumadora.

El propio hecho físico de consumir tabaco y de vapear puede aumentar la transmisión del coronavirus a través de la boca, ya que este gesto supone llevarse los dedos a la boca repetidamente, un gesto que un fumador de 20 cigarrillos al día hace unas 300 veces más que una persona no fumadora. El cigarrillo o vapeador puede actuar también como fómite, es decir, como un vector inanimado que transporta el virus de las manos a la boca y viceversa. Del mismo modo, los fumadores manipulan y se retiran la mascarilla más veces al día que un no fumador, lo cual lógicamente aumenta también el riesgo de contagio.

El propio hecho físico de consumir tabaco y de vapear puede aumentar la transmisión del coronavirus a través de la boca, ya que este gesto supone llevarse los dedos a la boca repetidamente, un gesto que un fumador de 20 cigarrillos al día hace unas 300 veces más que una persona no fumadora. El cigarrillo o vapeador puede actuar también como fómite, es decir, como un vector inanimado que transporta el virus de las manos a la boca y viceversa. Del mismo modo, los fumadores manipulan y se retiran la mascarilla más veces al día que un no fumador, lo cual lógicamente aumenta también el riesgo de contagio.

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La importancia de abandonar el hábito

Diversos estudios indican que el consumo de tabaco puede llegar a aumentar el riesgo de contagio, ya que el humo o el aerosol que producen los cigarrillos electrónicos aumentan la cantidad de las microgotitas de Flügge que se exhalan y que son el vehículo a través del cual se transmite el coronavirus.

 La carga viral que un fumador infectado expulsa tras cada calada es mucho más alta que la que pueda exhalar una persona infectada que no sea fumadora.

El propio hecho físico de consumir tabaco y de vapear puede aumentar la transmisión del coronavirus a través de la boca, ya que este gesto supone llevarse los dedos a la boca repetidamente, un gesto que un fumador de 20 cigarrillos al día hace unas 300 veces más que una persona no fumadora. El cigarrillo o vapeador puede actuar también como fómite, es decir, como un vector inanimado que transporta el virus de las manos a la boca y viceversa. Del mismo modo, los fumadores manipulan y se retiran la mascarilla más veces al día que un no fumador, lo cual lógicamente aumenta también el riesgo de contagio.